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El futuro de los bancos nacionales de desarrollo y la recuperación verde

Los Bancos Nacionales de Desarrollo de América Latina y el Caribe tienen cinco funciones cruciales para la transformación verde en la región, que van desde proveer financiamiento contracíclico hasta promover la sostenibilidad ambiental, orientada a combatir el cambio climático.

Por: Stephany Griffith JonesMaria E. Netto de A. C. SchneiderRodrigo Pereira Porto del Banco Interamericano de Desarrollo.

Los Bancos Nacionales de Desarrollo (BND) históricamente han promovido el crecimiento y el desarrollo mundial, mediante el apoyo a las políticas públicas y la aceleración de sus objetivos. Sin embargo, ha habido un importante renacimiento de los BND en la última década por dos razones principales. En primer lugar, las grandes crisis financieras de 2007/09, y más aún la crisis provocada por el COVID-19, llevaron a los BND a incrementar significativamente sus préstamos, entre otras operaciones, de manera contra cíclica, contribuyendo a salvar puestos de trabajo y empresas, además de apoyar una recuperación económica sostenible.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de las Naciones Unidas, se estima que los BND de América Latina y el Caribe han comprometido, hasta febrero de 2021, el equivalente a US$90 mil millones en apoyo financiero, un monto impresionante que está orientado a apoyar a paliar los efectos del COVID-19 en la región. Este apoyo ha sentado las bases para una recuperación climáticamente inteligente y resiliente. Los BND tienen un papel clave en impulsar y apoyar una recuperación sostenible al abordar las necesidades a corto y largo plazo, establecer señales de mercado y aprovechar el financiamiento del sector privado en infraestructura sostenible.

En segundo lugar, está el rol que pueden llevar a cabo los bancos nacionales de desarrollo en la movilización y catalización de inversiones claves para la transformación a una economía inclusiva y con bajas emisiones de carbono. Los bancos nacionales de desarrollo han sido fundamentales durante la última década para ayudar a los gobiernos a enverdecer sus economías y han desarrollado soluciones financieras innovadoras tanto para las mipymes como para los proyectos de infraestructura con términos adaptados al perfil financiero de las inversiones bajas en carbono. Por lo general, estas inversiones requieren plazos más largos, tasas de interés más bajas (o al menos no más altas), perfiles de amortización flexibles y enfoques alternativos de garantía (incluida la financiación con recurso no limitado).

La transferencia de los «billones» de financiamiento del sector privado en infraestructura sostenible será clave para enfrentar este desafío de inversión. Muchos bancos nacionales de desarrollo de la región han asumido un papel de liderazgo en este ámbito, con base en su mandato de desarrollo público y cuando las políticas y regulaciones gubernamentales están alineadas con tales inversiones. Es en este segundo aspecto en el que se centrará este artículo. Sin embargo, lo haremos teniendo en cuenta las complementariedades y las posibles compensaciones entre ambos tipos de actividades.

¿Cuál es el rol de los bancos nacionales de desarrollo en la transformación verde?

Hablando en general, existen cinco funciones cruciales de los bancos nacionales de desarrollo en el proceso de desarrollo. Estos son: proveer financiamiento contracíclico; fomentar la innovación y la transformación estructural; promover la inclusión financiera; apoyar el financiamiento de infraestructura; y promover la sostenibilidad ambiental, en particular orientada a combatir el cambio climático.

La introducción de criterios de mitigación y adaptación al riesgo climático y su ubicación en el centro de las actividades de los bancos nacionales de desarrollo para que así maximicen su impacto en el desarrollo sostenible e inclusivo, son el foco de una publicación reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) titulada Guía para los bancos nacionales de desarrollo en riesgo climático (disponible únicamente en inglés).

Debido a los mandatos de los bancos nacionales de desarrollo, incluido su rol en la movilización de recursos privados considerando políticas públicas y perspectivas de inversión a más largo plazo, la guía del BID llama la atención sobre una agenda prometedora que puede llevar este segmento financiero a un nivel superior.

Los bancos nacionales de desarrollo sirven como la interfaz principal entre los sectores público y privado y se encuentran en una posición única para promover el desarrollo económico o social al financiar actividades con beneficios sociales. De hecho, el papel de los bancos nacionales de desarrollo en la movilización de recursos para financiar la transformación hacia una economía ambientalmente sostenible depende no solo de los recursos que se prestan, sino también en gran medida de otros recursos que ayudan a movilizar, tanto privados como públicos, nacionales e internacionales.

En el caso de los bancos nacionales de desarrollo que catalizan los recursos privados, la cuestión de la distribución adecuada del riesgo entre el sector público y el privado se vuelve muy importante, al igual que el diseño de instrumentos financieros y de gobierno corporativo adecuados en ese sentido.

Los bancos nacionales de desarrollo tienen un papel crucial que desempeñar en el apoyo y el financiamiento de la innovación y la inversión, tanto dentro de los sectores y empresas existentes, como en nuevos sectores clave que son fundamentales para la descarbonización en la economía de recuperación posterior al COVID-19 en la región de América Latina y el Caribe. Estos nuevos sectores incluirán, por ejemplo, las energías renovables, la movilidad eléctrica de eficiencia energética y la agricultura con bajas emisiones de carbono.

¿Cuáles son las condiciones previas para que los BND desempeñen sus funciones de manera eficaz en la transición verde?

Una condición previa clave para que los BND desempeñen sus funciones de manera eficaz, incluso en la transición a una economía baja en carbono en la región de América Latina y el Caribe, consiste en dos elementos: una escala suficiente de su capital, generalmente proporcionado por sus gobiernos, así como la movilización y el apalancamiento de flujos privados hacia vías bajas en carbono y resilientes al clima.

Los bancos nacionales de desarrollo pueden, por ejemplo, adquirir deuda en los mercados de capital tanto nacionales como internacionales, y estos préstamos pueden utilizarse para financiar sus propios préstamos; esto es más fácil para aquellos países que tienen mercados de capital nacionales más profundos. Por lo tanto, los bancos nacionales de desarrollo pueden ayudar a desarrollar los mercados de capital nacionales, especialmente para instrumentos amigables más ecológicos y sostenibles, esenciales no solo para su propia financiación, sino también para la de las empresas privadas. El desarrollo de bonos verdes y sostenibles son instrumentos importantes para movilizar capital de inversores institucionales. Si bien este mercado ha crecido significativamente en los últimos años, el mercado de bonos verdes de América Latina y el Caribe (y en cuanto a la participación de inversionistas institucionales locales) ofrece un enorme potencial de crecimiento. Si bien a nivel mundial se han emitido más de US$754 mil millones en bonos verdes entre 2007 y 2019, solo se han emitido US$12,9 mil millones en la región. El BID ha estado liderando un trabajo importante en esta área, ayudando a desarrollar aspectos críticos de la arquitectura requerida para escalar este mercado que respalda alrededor del 30% de las emisiones regionales.

Para los bancos nacionales de desarrollo, el financiamiento y cofinanciamiento con actores privados nacionales tiene la ventaja de que no existe descalce cambiario en los recursos provistos, lo que puede ser importante tanto para los bancos nacionales de desarrollo, como para las empresas, desde una perspectiva macroeconómica. Sin embargo, los recursos privados internacionales, particularmente en forma de capital social, pueden ofrecer externalidades adicionales muy valiosas, como la provisión de nuevos conocimientos tecnológicos y mecanismos sofisticados de distribución de riesgos.

Otra condición previa importante para el impacto efectivo de los bancos nacionales de desarrollo en la transición verde es el uso de instrumentos y procesos apropiados para abordar mejor su mandato público. Se refiere a incorporar plenamente las externalidades vinculadas al cambio climático en la evaluación de proyectos (coherente con las políticas públicas), el uso de instrumentos financieros adecuados (como préstamos de primer y segundo piso, garantías, capital social y deuda de riesgo) y asistencia técnica.

De hecho, es importante que los bancos nacionales de desarrollo incorporen la transición a una economía baja en carbono en todas sus decisiones de financiación y ciclos de proyectos. Para ello, una herramienta valiosa podría ser tanto evaluar proyectos con criterios comerciales como otros que agreguen externalidades sociales y ambientales, en línea con las metas de desarrollo nacional (como las contribuciones determinadas a nivel nacional – CDN).

Si bien los préstamos son el instrumento principal y más simple utilizado por los BND, las garantías pueden desempeñar un papel útil cuando existe una alta incertidumbre, como en el caso de la introducción de nuevas tecnologías o la adaptación de las existentes. Para la tecnología innovadora y los proyectos de alto riesgo con potencial de desarrollo y ganancias potencialmente alto, parece deseable utilizar inversiones de capital de manera más intensiva, de modo que los bancos nacionales de desarrollo puedan capturar las ventajas; esto también puede aumentar la capacidad de los bancos nacionales de desarrollo para tener una mayor dirección de políticas. Es importante destacar que el capital social puede resultar atractivo para las empresas, cuyos niveles de endeudamiento se han incrementado excesivamente en COVID-19, debido a su necesidad de endeudamiento elevado. El desarrollo por parte del BID de instrumentos financieros innovadores que respalden el acceso de los BND a los recursos no reembolsables aplicados como garantías es importante para reducir el riesgo percibido y real, lo que da como resultado tasas de interés más bajas y mejores condiciones de inversión.

Finalmente, la provisión de asistencia técnica a los bancos nacionales de desarrollo, el financiamiento complementario, es especialmente crucial en el caso de la financiación de inversiones en una economía baja en carbono. De manera similar, el asesoramiento y la asistencia técnica brindados por organizaciones internacionales y bancos multilaterales de desarrollo, como el BID, son relevantes para compartir experiencias, conocimientos y recomendaciones para ayudar a los bancos nacionales de desarrollo a enfrentar estos importantes desafíos. De hecho, la alianza de financiamiento verde del BID con más de 40 instituciones financieras de desarrollo en la región de América Latina y el Caribe ha financiado más de US$2 mil millones en programas de líneas de crédito y ha movilizado más de US$6 mil millones en inversiones privadas verdes hasta la fecha. Este apoyo tiene la oportunidad de aprovechar el acceso a una red de 72 BND en América Latina y el Caribe, que tienen US$1,7 billones en activos, un tamaño de cartera de alrededor de US$1 billón y 78,850 sucursales en regiones urbanas, rurales y no bancarizadas para impulsar la transición verde.

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