Agregando valor a la cadena de valor: Buenas prácticas en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero

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De acuerdo al Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), si queremos limitar el calentamiento global a 1.5°C necesitamos reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) en un 45% para el 2030 y alcanzar la carbono neutralidad al 2050[1]. Incluso limitar el incremento de temperatura a 2°C requeriría que las emisiones disminuyan en un 25% para el 2030. Sin embargo, y a pesar de los compromisos de los gobiernos, las emisiones de GEI incrementaron un 1.5% por año durante la última década (2009-2018) y en el 2018 alcanzaron las 51.8 gigatoneladas (GT) de CO2 equivalente (UNEP, 2019)[2]. De continuar así, el mundo estaría proyectando alcanzar un incremento de temperatura de entre 3°C y 5°C para el 2100.

Aquellas empresas que han reconocido los beneficios de tomar acción temprana están desarrollando planes ambiciosos para descarbonizar sus operaciones y cadenas de valor. De esta forma salvaguardan futuras licencias para operar, se blindan contra futuras regulaciones más estrictas y desarrollan modelos de negocio innovadores. La mayoría de las empresas se centra en reducir las emisiones de GEI bajo su control directo, lo que se relaciona al alcance 1 y 2 de la Huella de Carbono.

Es importante entender que las emisiones de GEI se categorizan en 3 alcances

  • Alcance 1: Emisiones directas o de fuentes controladas por la organización.
  • Alcance 2: Emisiones indirectas por consumo de electricidad, calefacción o vapor.
  • Alcance 3: Emisiones indirectas por fuentes que no son propiedad ni están controladas por la organización pero que sí se relacionan a sus actividades.

Es decir, el alcance 1 y 2 es principalmente la quema de combustibles en su operación y el consumo de energía eléctrica. Sin embargo, eventualmente, las empresas tienden a ser menos rigurosas en la medición de sus emisiones indirectas (alcance 3) dado que no tienen control directo sobre ellas. “Por ejemplo, si un ejecutivo de una empresa financiera peruana tiene un viaje en avión de Lima a Nueva York, esa emisión será alcance 1 de la empresa de aviación, pero alcance 3 de la empresa financiera. Es alcance 1 de la empresa de aviación, porque ellos tienen el control directo de la operación, ellos eligen la tecnología de vuelo, el avión, los software, compran el combustible, son empleadores de los pilotos, etc. A la vez es alcance 3 de la empresa financiera porque ellos demandan el servicio de vuelo y la empresa de aviación responde a esa demanda”, explica Javier Perla, gerente de negocios sostenibles de Libélula.

Esta diferenciación entre alcances ha sido utilizada por organizaciones como justificación para no asumir responsabilidad de sus emisiones de GEI indirectas. De acuerdo al WEF “menos de 1 en 10 empresas que reportan al CDP tiene una meta de reducción sobre ellas” (2020) [3]

A pesar de los desafíos de abordar las emisiones indirectas, la reducción de emisiones del alcance 3 puede generar beneficios comerciales sustanciales. Por ejemplo, la mitigación de riesgos dentro de cadenas de valor, generación de nuevas innovaciones y colaboraciones podría permitir a las organizaciones responder a la creciente presión de los inversores, clientes y sociedad civil por una gestión más sostenible (Science Based Targets, 2018)[4].

¿Cuáles son las mejores prácticas en la reducción de emisiones?

De acuerdo a Science Based Targets[5] se recomiendan tres acciones:

1. Fijar una meta corporativa de reducción de emisiones alineada con la ciencia….

Esto implica que, por lo menos, estén alineadas con el porcentaje de reducción de emisiones de GEI absolutas globales. Adicionalmente, las metas deberían ser definidas de dos modos: absoluto (porcentaje de reducción de emisiones un año meta versus un año base) y/o de intensidad (porcentaje de reducción formulado en emisiones de un indicador de un año meta versus año base) para tener información de ambición de objetivo además de mejoras en intensidad de GEI.

2. … e incentivar a que sus proveedores se alineen también

Otra forma como se puede impulsar la reducción de emisiones es que la empresa influya en sus proveedores para promover que ellos se comprometan a una mejora en su desempeño ambiental, iniciando con un reporte de las emisiones actuales.  “Por ejemplo, si dos empresas le solicitan a un proveedor que reporte su impacto ambiental al Carbon Disclosure Project (CDP), hay un 68% de probabilidad que el proveedor lo hará. Si tres empresas envían esta solicitud, entonces hay un 76% de probabilidad. Cuantas más solicitudes reciba un proveedor, es más probable que tomen medidas y más probable que estas empresas logren su meta compartida de objetivos de reducción de emisiones en cadena de valor.” (Science Based Targets, 2018) [6]

3. Activar “palancas” en reducción de emisiones

Las “palancas” pueden ser proyectos, programas, decisiones comerciales u otras acciones que reducen las emisiones GEI de una organización de una forma transversal. Algunos ejemplos son: innovación en modelos de negocio, diseño de productos y servicios, políticas de operación, estrategia de inversión de impacto e involucramiento del consumidor. Lo importante es entender que para reducir emisiones, se requiere proponer un reto y responder algunas preguntas como: ¿Cómo lo puedo hacer en menos tiempo?, ¿Cómo lo hago con menos recursos?, ¿Cómo lo ejecuto con menos presupuesto? Esto permite entender el reto y evaluar opciones de abordaje, con un esquema de innovación.

Las empresas ya están demostrando que es posible abordar la reducción de emisiones indirectas del alcance 3. Más de 8,400 empresas reportaron al CDP durante el 2019, estas representan un 20% de incremento sobre el año anterior. La oportunidad para que las compañías usen su influencia dentro de las cadenas de valor para actuar como catalizadores para la descarbonización de la economía global es inmensa. Esto es además particularmente relevante en aquellos segmentos en los que otros motores para la reducción de emisiones tienen dificultades para llegar. El efecto dominó que se puede generar es enorme, así como los beneficios empresariales y globales.

Fuentes:

[1] Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), 2018. Global Warming of 1.5°C.

An IPCC Special Report on the impacts of global warming of 1.5°C above pre-industrial levels and related global greenhouse gas emission pathways, in the context of strengthening the global response to the threat of climate change, sustainable development, and efforts to eradicate poverty.

[2] UNEP, 2019. Emissions Gap Report 2019.

[3] World Economic Forum, 2020. The Net-Zero challenge: Fast-Forward to Decisive Climate Action.

[4] Science Based targets, 2018. Value change in the value chain: best practices in scope 3 greenhouse gas management. 

[5] Los objetivos basados ​​en la ciencia brindan a las empresas un camino claramente definido para un crecimiento a prueba de futuro al especificar cuánto y qué tan rápido necesitan reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

[6] Science Based targets, 2018. Value change in the value chain: best practices in scope 3 greenhouse gas management.

 

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